# Claves de la semana

Los excesos y arrepentimientos de la Navidad: ¿comer para después perder peso?

La Navidad ya está aquí como cada año. Toca mentalizarse sobre cómo queremos afrontar nuestros excesos con la comida, porque la tentación (la gula) estará ante nosotros y no sabremos negarnos. Por eso se convierte en imprescindible pensar seriamente en los pros y contras de las comidas navideñas, dónde y sobre qué poner los límites

Cena de navidad
Cena de navidad


La Navidad, época de encuentros y celebraciones, es también un periodo de excesos alimentarios que pueden dejar consecuencias importantes en nuestra salud. Desde la hinchazón abdominal hasta el riesgo cardiovascular, pasando por descompensaciones metabólicas, el cuerpo paga el precio de los placeres (excesos) culinarios de las fiestas. Por eso, en este reportaje queremos tratar las consecuencias de estas indulgencias gastronómicas que nos permitimos, cómo prevenirlas y cómo eliminar los sobrantes del organismo tras las vacaciones navideñas.

EMPIEZA EL FESTÍN
Los excesos en Navidad son un tema recurrente, aunque con protagonistas diferentes: mariscos, carnes, dulces y alcohol. Estas celebraciones, que comienzan en diciembre (o incluso hasta dos meses antes en algunos lugares) y se extienden hasta enero, desafían nuestra capacidad digestiva y metabólica. Recordemos que estamos a consumir grandes cantidades de calorías sobrantes, muchas sin valor nutritivo y solo para gozar del sabor de turrones, carnes, dulces, bebidas, confituras, etc.

Todo son risas, alegría, buenos deseos, algunas bromas y varias discusiones “de cuñado” alrededor de la mesa. Pasan unas horas (o puede esperar al día siguiente pero sin avisar ahí está el dolor estomacal, la acidez, la hinchazón y los gases. ¡Felicidades! Ya tenemos aquí a los síntomas más comunes de un exceso navideño.

 

Estos problemas surgen por una distensión estomacal fruto de la ingesta excesiva de comida. La irritación intestinal viene provocada por el alcohol y las grasas y si no conseguimos recuperarnos en unas horas es debido a la acumulación abundante de comidas. Y mientras tanto, el ardor y el reflujo añaden más malestar que se puede prolongar por varias e interminables horas

Además de esto debemos tener en cuenta otros factores que inciden en nuestra salud de forma más silenciosa. Uno es la subida de azúcar en sangre, peligrosa en personas con diabetes de no tener cuidado con las cantidades de comida y con los dulces. Si se sufre gota es probable que los dolores se agudicen debido al elevado índice de ácido úrico motivado por consumir mariscos y carnes rojas.
 

La ingesta incontrolada de comida es un “deporte de riesgo” porque los músculos del estómago trabajan a pleno rendimiento, lo mismo que otros órganos y sobre todo el corazón. Este último debe bombear sangre a los tejidos musculosos para oxigenarlos y poder cumplir con sus tareas digestivas. A parte de esto, el exceso de grasas, azúcares, sal y otros elementos pueden agravar problemas cardíacos. También la salud bucodental puede verse afectada puesto que el aumento de azúcares, sobre todo entre los más pequeños, puede aumentar el riesgo de caries.


LO MEJOR, IR CON CALMA
Y es que no queda otra, porque meternos de lleno en la cornucopia que es una mesa con la cena de Nochebuena y Fin de Año puede suponer una bomba de relojería para nuestro organismo. Así que vamos a darnos un respiro y aclararnos antes de abordar las “paparotas” que nos esperan.
 

Si bien todo lo que se nos pone delante de los ojos es tentador, hagamos un esfuerzo y centrémonos en aquello que sabemos no nos hará daño: verduras, pescados, alimentos cocidos y todo lo que sea saludable. Antes de esto, nada de picoteo, “esto no es nada, solo un poquito” y un poquito y otro poquito van creando un total tan grande que la comida propiamente dicha ya no nos entra.

 

Hay que masticar despacio, saboreando cada bocado, el cuerpo lo agradecerá porque ahorraremos esfuerzos innecesarios a nuestro aparato digestivo. Nada de bebidas gaseosas incluso si se puede, evitar las bebidas alcohólicas. Las primeras por azúcares y gases inútiles para nuestro cuerpo y las segundas porque tampoco es que aporten mucho, salvo calorías excesivas. No llenar platos hasta rebosar, no tomar porciones grandes de comida y no repetir (sí, el asado está delicioso pero mañana te arrepentirás seguro). 


PROCEDIMIENTOS “DETOX”
Puede sonar a chiste, pero después de las cantidades industriales de comida que nos hemos metido entre pecho y espalda, toca limpiar el organismo de arriba a abajo. Para empezar, un poco de ejercicio, como caminar, no nos vendría mal para ir eliminando toxinas por los poros y así equilibrar nuestros componentes vitales.

 

Seguidamente no comer alimentos procesados: precocinados, salsas y bollería industrial. Mejor fuera de nuestras despensas. Sustituirlos por frutas, verduras, proteínas magras y cereales integrales. Hidratarse (agua, sin pasarse) y comer alimentos a la plancha o al vapor y nada de grasas. Planificar las comidas: qué incluir en el desayuno, comida, merienda y cena, estas dos últimas que sean ligeras a base de verdura, fruta y proteínas.


Aunque muchas personas buscan perder peso rápidamente tras las fiestas, esto puede ser contraproducente. Las dietas estrictas suelen provocar el efecto rebote, donde el peso perdido se recupera rápidamente al volver a los hábitos normales. En su lugar, la pérdida de peso debe ser gradual y sostenible, combinando una dieta equilibrada con ejercicio físico.

Insistimos, actividades como caminar, correr o incluso bailar pueden ayudar a quemar calorías y mejorar tu estado de ánimo. Si no tienes tiempo para entrenar, existen movimientos cotidianos como usar las escaleras o caminar más.

Las celebraciones navideñas no tienen por qué convertirse en un martirio para nuestra salud. Con una planificación adecuada y un enfoque equilibrado, es posible disfrutar de la comida y la compañía sin sufrir las consecuencias de los excesos. La moderación y los buenos hábitos siempre serán la mejor receta.

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