El alza del Apalpador eleva a tres las fechas en las que muchos gallegos deben dar regalos
La Navidad en Galicia es una época de arraigo cultural, marcada por tradiciones únicas que continúan transmitiéndose de generación en generación. Entre estas costumbres, destaca la figura del Apalpador, un personaje mítico que está ganando protagonismo como alternativa a figuras navideñas más comerciales. Su irrupción, eso sí, añade una fecha más en la que muchos sienten la obligación de entregar presentes. Afortunadamente, las tendencias de regalos están evolucionando hacia opciones que permiten plasmar recuerdos que tengamos en común con la persona a la que agasajamos.
El Apalpador: Un personaje en alza
El Apalpador, conocido también como Pandigueiro en algunas zonas, es una figura tradicional de las montañas de Galicia vinculada a la Navidad. Según la tradición, este bonachón carbonero baja de las cumbres durante la noche del 24 al 25 de diciembre para tocar la barriga de los niños y comprobar si están bien alimentados. Si los encuentra sanos, deja castañas como símbolo de prosperidad y, en algunos casos, pequeños regalos.
Aunque su figura había caído en el olvido durante el siglo XX, en las últimas décadas se ha revitalizado gracias a movimientos culturales que buscan preservar y difundir las tradiciones gallegas. Frente al glamour de figuras como Papá Noel, el Apalpador se presenta como un personaje en torno al cual priman los regalos sencillos y vinculados a la cultura gallega.
Con el tiempo, el Apalpador fue adquiriendo un carácter más festivo y se le asoció con la entrega de regalos a los niños, similar a otras figuras navideñas como Papá Noel o los Reyes Magos. Por lo tanto, ahora en muchas familias es necesario entregar regalos, al menos para los niños, en tres fechas, la noche del 24 con el Apalpador, la mañana del 25 con Papá Noel y la mañana del 6 de enero con los Reyes Magos.
Los regalos más habituales y su evolución
Tradicionalmente, los regalos navideños en Galicia se centraban en objetos prácticos y relacionados con la vida cotidiana. Poco a poco, con el aumento del nivel de vida, cada vez se hicieron más frecuentes regalos que pueden considerarse no estrictamente imprescindibles, como juguetes, colonias, suscripciones a paquetes de contenidos audiovisuales, ropa de fiesta, etc.
Empezó así el problema de lograr encontrar un regalo verdaderamente original. Una dificultad que se agrava a medida que pasan los años. Al final, ya no sabemos qué regalar a una persona a la que llevamos décadas agasajando por Reyes, Papá Noel y ahora también O Apalpador.
Afortunadamente, en los últimos años, ha emergido una tendencia que está marcando la diferencia: los regalos personalizados.
Por ejemplo, un lienzo personalizado, pero también mantas y tazas hasta bolsos y toallas, estos artículos permiten incluir imágenes de seres queridos, paisajes emblemáticos o frases significativas en objetos cotidianos. ,La demanda de estos productos ha aumentado notablemente en las últimas temporadas, especialmente entre quienes desean sorprender a familiares y amigos con detalles cargados de significado y no caer en lo banal y previsible.
También se pueden gastar bromas. Por ejemplo ¿por qué no regalar un felpudo con el escudo del equipo rival? El auge de los regalos personalizados se debe, en gran parte, a su capacidad para transmitir sentimientos. No son simples objetos.
Además, este tipo de regalos se adapta a una amplia variedad de gustos y edades. Desde una taza con la imagen de un paisaje gallego para un abuelo nostálgico, hasta una bolsa personalizada con el nombre del grupo favorito del adolescente, las posibilidades son infinitas. Además, existen multitud de tiendas virtuales, como MIARTE.es en las que realizar nuestro pedido.
Otro factor que impulsa esta tendencia es la creciente preocupación por el impacto ambiental y el consumo responsable. Los regalos personalizados suelen fabricarse bajo pedido, lo que reduce el desperdicio asociado a la producción en masa. Es decir, s una opción más sostenible, ya que cada producto tiene un propósito claro y no se fabrica en exceso. Además, al estar personalizado, existen menos posibilidades de que termine escondido en un cajón. Si sabemos elegir bien la imagen, claro está.
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