Si nos atenemos a los primeros resultados conocidos, sondeos y proyección de escaños, sí se puede decir que Francia le paró los pies a la extrema derecha que quedaría en tercer lugar. Una posición que la aleja de la jefatura de gobierno pero que, de ninguna forma, se puede afirmar no le permitirá influir fuertemente en la política francesa. El resultado que le otorgan las proyecciones (135-143 escaños) a Reagrupación Nacional no deja de ser muy, muy preocupante pues recoge un incremento espectacular en relación con las anteriores elecciones legislativas cuando había sacado 89 diputados. Y en el horizonte ya aparecen las elecciones presidencias.
Por otra parte si bien es cierto que las izquierdas, agrupadas en el Nuevo Frente Popular, con 188-199 diputados ganaron las elecciones, no está nada claro, por su heterogénea composición, que consigan liderar como tal el nuevo gobierno. A pesar de eso hay que reconocerles el mérito de formar una candidatura unitaria en tan poco tiempo como felicitarlas por conseguir ser la primera fuerza y aparecer así como la “principal responsable” de la derrota de la extrema derecha. Porque resulta indiscutible que fue la unión de las izquierdas quien impidió el anunciado triunfo de la extrema derecha en Francia.
Un éxito tanto para las izquierdas como para Francia que, a pesar de eso, no garantiza ni mucho menos que, como señalaba antes, aquellas vayan a conseguir la Jefatura de gobierno. Las razones son varias, como que el Nuevo Frente Popular necesitaría de alianzas que se presentan difíciles, pues en la tercera fuerza Juntos (161-169), los partidarios de Macrón, son mayoría los que no quieren saber nada con las izquierdas y muy especialmente con el partido de Jean Luc-Melenchón (Francia Insubmisa). Algo con lo que coinciden no pocos (por caso, los socialistas) de los que forman el Nuevo Frente Popular. Habrá que estar muy al acecho de los movimientos que se puedan dar en las tres principales formaciones políticas y, muy especialmente, de la fortaleza unitaria del NFP.
En este marco la alegría de haber derrotado a la extrema derecha, gracias a la gran movilización popular, no puede disimular la preocupación por el futuro de Francia. Una preocupación que parte tanto de la grave crisis social y nacional que atraviesa este país como de la ausencia de una clara alternativa de cambio. De un cambio que se hace muy necesario y urgente.
Y estar preocupados por el futuro de Francia es también estar preocupados por el futuro de Europa. De momento cabe alegrarse temporalmente por el resultado, pues lo peor no sucedió.
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