Rodrigo Brión Insua (A Pobra do Caramiñal, 1995). Grado de Periodismo en la Universidad de Valladolid (2013-17). Redactor en Galiciapress desde 2018. Autor de 'Nada Ocurrió Salvo Algunas Cosas' (Bohodón Ediciones, 2020).
En Twitter: @Roisinho21
¿Conocen la fábula de la cigarra y la hormiga? Trata sobre una pequeña cigarra que al sol del verano tocaba la guitarra y cantaba despreocupada mientras la esforzada hormiga llenaba su despensa y le dedicaba miradas altivas. Cuando llegó el invierno, la cigarra pidió a la hormiga un huequecito donde quedarse, pero esta le cerró la puerta en las narices. Hasta los cojones de desplantes y desprecios, la cigarra derribó la puerta y se comió a la hormiga. Era algo así, ¿no? En el Día Mundial de la Televisión hemos visto un aggiornamento de este cuento en prime time, con David Broncano en el papel de la cigarra, un personaje calmado y que asume las cosas como vienen con la perspectiva de que todo lo que sucede conviene, mientras que Pablo Motos fue, tal vez no la hormiga, pero sí un insecto y un mal bicho en El Hormiguero, donde se han caído de una vez por todas las caretas.
Desde septiembre vivimos una batalla televisiva por la audiencia que en este país solo puede compararse con la guerra de las radios que enfrentó a José María García y a José Ramón de la Morena. Cada mañana los diarios abren con el share que ha ganado cada programa la noche anterior en una carrera voraz donde La Revuelta, que ha reanimado la televisión pública en un movimiento audaz, se ha repuesto a toda la desinformación que rodeó a su fichaje por TVE. Ni su presentador se ha llevado el dinero de los enfermos del ELA ni parece ser la marioneta de Moncloa que pintaban algunos. En cambio, los vientos de cambio han pasado de largo en A3Media, anquilosados en sus años de gloria, sin competidores posibles frente a un programa que huele, ya no como un hormiguero, sino como una conejera.
Por todos es sabido que en El Hormiguero, ese programa de apariencia familiar, se han realizado prácticas más cercanas a la camorra que al espacio para todos los públicos que intentan vender. También Toni Soprano era un tipo familiar, lo que no le impedía calzarle unas zapatillas de cemento a sus enemigos. ‘La Familia’ de El Hormiguero lleva años poniendo en marcha sus mecanismos para lastrar a sus colegas y así arañar un puntito más de cuota de pantalla. Es por todos sabido y así lo han hecho público famosos, viñetistas y comunicadores de uno y otro signo a lo largo del tiempo. Pero en esta ocasión no fue Facu Díaz en su canal de Twitch el que contó lo que ocurre entre bambalinas, sino que fue la cigarra la que, en prime time, agarró la guitarra y le cantó las cuarenta a la hormiga, que recibió el bofetón en toda la cara como Chris Rock lo hizo de su buen amigo e ilustre invitado Will Smith.
El último boicot de Motos y familia fue dejar a La Revuelta sin invitado y sin margen de maniobra para rehacer la escaleta. En otras ocasiones hemos visto cómo Berto Romero acudía al rescate para cubrir una ausencia de última hora o el community manager se las ingeniaba para pescar en redes a un invitado sobre la bocina. Pero hoy, después de que Antena 3 moviese los hilos para que los patrocinadores presionasen al campeón del mundo de GP -curioso que todo haya pasado por las motos- para que no saliese a escena y adelantase a su programa estrella con el que había pactado una visita la próxima semana, Broncano, Castella, Grison y cía dijeron basta y tiraron de la manta de una forma que nunca nadie antes había hecho en televisión.
Sin tapujos, Broncano pidió disculpas al público y a la audiencia, pero también dejó claro que llevan sufriendo este acoso durante años, también en la extinta Resistencia. Ya han sido muchas las veces en las que el pequeño dictador de la televisión nacional ha tratado de ejecutar los programas que le hacían frente durante 18 temporadas, jugando con el pan de muchos compañeros de profesión. Pero en esta ocasión se ha encontrado con un loco que se ha quitado la venda y ha enfrentado el pelotón de fusilamiento a pecho descubierto. Queda por ver cómo será la reacción la próxima semana, pero este jueves La Revuelta ya ha ganado en redes y ha dado una estocada casi mortal, al menos en imagen, a un programa que no tiene forma de quitarse la etiqueta de rancio, de semillero de comportamientos machistas -véase el último minuto de oro del alcalde de Madrid- y un blanqueador de ultras de manual.
La Revuelta se ha revuelto en su asiento y en solo dos meses han escrito otra página más en la historia televisiva de este país. Perdiendo una batalla han movilizado a las tropas para ganar la guerra fraticida entre las grandes corporaciones que manejan las cadenas de televisión y que también marcan la dirección de la opinión pública para vender más alarmas de seguridad y tratar de hacernos creer que las racistadas de Santiago Abascal no son tan graves porque se las ha dicho a unos moñecos de felpa.
La cigarra sigue haciendo burla de la hormiga y es la hormiga la que parece no haber aprendido la moraleja. Ahora es la marabunta la que ha abandonado el hormiguero y prepara su revuelta. La caja tonta ha dado señales de inteligencia y ha sido desde el primer canal, ese que pagamos todos y por el que deberíamos demandar siempre independencia, calidad y crítica. Ha sido un pachacho el encargado de abrir la caja de los truenos, saliendo de ella corzos en la berrea. Por algo se empieza. La hormiga está bajo la lupa y empieza a quemarse. Llegó el tiempo de la caída de los gigantes…y los enanos.
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