Mazón no puede seguir en el cargo ni un día más. Los cálculos políticos, que el PP tiene hechos, deberían quedar a un lado cuando se trata de personas que han muerto.
¿Qué es la vanidad sino el anhelo de sobrevivir?, decía Miguel de Unamuno. De esa hay mucha en las personas, en mayor o menor grado. Es la expresión del que se siente superior al resto de los que le rodean. ¿Vanidoso significa mentiroso? No, son pedantes que necesitan halagos a su persona por sus logros, que consideran que están por encima de los demás.
Vanidoso, mentiroso, que no tiene el más mínimo pudor para salvar su “cabeza” e intentar darle la vuelta a una mentira que ha dicho anteriormente, para afirmar la contraria sin inmutarse y, encima, aparentar enfado con quienes le dicen que no era lo expresado anteriormente.
El ejemplo más reciente: el presidente de la Comunidad Valenciana, Carlos Mazón, que cada semana cambia su versión sobre lo sucedido con la DANA, echándole la culpa al de enfrente con tal de salvarse, cuando la realidad es que él es el máximo responsable de lo que ha ocurrido (para eso es el presidente) en algunos municipios de Valencia por la terrible DANA, que se llevó por delante más de doscientos fallecidos, amén de los destrozos materiales, cuantiosos por cierto, que han sumido a los afectados en una indignación más que comprensible.
Mazón, el presidente que el día de la DANA estuvo “desaparecido” desde las 14:30 hasta las 19:30. En un principio, se dijo que había estado comiendo con una periodista para ofrecerle la dirección de la televisión autonómica. Primero era una comida oficial, después era privada, como el PP. La verdad es que no queda nada claro su supuesto almuerzo con una larguísima sobremesa mientras la situación era terrible para miles de ciudadanos. Una irresponsabilidad manifiesta.
Son ya unas cuantas las versiones del todavía presidente de la Comunidad Valenciana. En cada una de ellas, va rizando el rizo para no asumir responsabilidades judiciales que le pueden llevar a la cárcel. Las políticas son evidentes: está más que amortizado, y su partido espera el mejor momento para enseñarle la puerta. Están de él hasta el gorro, cuando le han dicho por activa y por pasiva que hable solo de la reconstrucción de las zonas afectadas y deje lo demás. No solo no lo ha hecho, sino que cada día se mete en algún berenjenal, como ir a Madrid a un desayuno de trabajo para sacar pecho y justificar lo injustificable.
Como penúltima actuación, delante de periodistas, explicaba que él había llegado a las 8:28 al CECOPI (Centro de Emergencias). Cuando un periodista le preguntó que en otra ocasión había dicho que estaba en la reunión a partir de las 7 de la tarde, la respuesta del presidente mentiroso es para enmarcarla: “Las 8:28 es después de las 7 de la tarde, ¿no?”. Lo afirmó con una chulería de quien piensa que los periodistas son idiotas. Es la demostración palpable de una persona que no tiene el más mínimo pudor en mentir en un tema tan grave como lo ocurrido ese fatídico día, en el que el presidente se fue de comida, sobremesa y larga charla… Una respuesta que ha resonado en la calle Génova como un dardo y que pone de manifiesto la incompetencia del máximo responsable de la Comunidad Valenciana, que frivoliza sin ruborizarse.
Mazón no puede seguir en el cargo ni un día más. Los cálculos políticos, que el PP tiene hechos, deberían quedar a un lado cuando se trata de personas que han muerto. Alargar la agonía con Mazón al frente de la presidencia no es conveniente, además de que ello le traerá un coste político en las urnas a los populares muy importante. Por coherencia y sentido de responsabilidad, el PP debe enviar a casa a Mazón o hacerle dimitir, y poner al frente a otra persona que sea capaz de liderar la reconstrucción de las zonas afectadas e intentar recomponer las relaciones con la ciudadanía, con humildad y trabajando en equipo.
Mazón, en estos momentos, está más pendiente de no ir a la cárcel
Mazón, en estos momentos, está más pendiente de no ir a la cárcel que de desempeñar sus funciones, por mucho que cambie las versiones y donde dijo blanco después diga negro. Todo lo sucedido es por su falta de responsabilidad al no haber avisado a tiempo para que muchas de las personas que fallecieron pudieran estar vivas. Esa es la realidad, y las competencias conllevan responsabilidades, cosa que no ha sucedido. Ahora toca asumir las consecuencias, le guste o no.
Decía el escritor valenciano Blasco Ibáñez: “La oposición es el arte de estar en contra tan hábilmente que se pueda estar a favor”.
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